domingo, 19 de junio de 2022

Una breve carrera

Llevaban una hora en el bar, sentadas a una mesa en la vereda, e iban por la tercera cerveza. El sol iba cayendo y no daban ganas de irse de allí.

—Tu amiga la Jimena... —El tono filoso y mordaz de Sonia, la frase deliberadamente inconclusa invitando al requerimiento de detalles, le anticipaban a Tamara que la amiga común se habría mandado otra de las suyas.

—¿Qué hizo ahora? —preguntó Tam, ya con la risa instalada y sabiendo que la Jime siempre daba material para el recuerdo, historias para repetirlas mil veces y que siempre sonarían como si se las contara por primera vez, sobre todo si era Sonia la que las pintaba.

—Te cuento. Fue el fin de semana este que pasó. En realidad, la cosa arranca durante la semana. Resulta que unos días antes, no sé qué le dio por hacerse la deportista, se anotó en la maratón esa que organiza todos los años Telesport, el canal ese de cable.

—Que no es una maratón, en realidad —precisó Tamara— Son dos categorías. La de los que son federados, que largan primero y hacen diez kilómetros, y la de los libres, que los largan después y son seis kilómetros nomás. Eso lo sé por mi primo, que le tocó varias veces cubrir el evento.

—Sí, bueno —concedió Sonia—. Igual es mucho, seis kilómetros. El tema es que a la mamerta esta, que como vos sabés tiene menos deporte que un cactus, se le dio por anotarse —Breve pausa, silencio venenoso, meneo de cabeza...

Tamara sonrió. Adoraba la pasamanería narrativa de Suni y se preguntaba en silencio por qué esa loca divina había optado por estudiar arquitectura en lugar de teatro.  O estandap.

—Me cuenta, chocha: "Me anoté en la maratón de Telesport y bla-bla-bla". Bárbaro. Ojalá te vaya bien, le dije. El tema es que el sábado, o sea la noche misma anterior a la carrera, tenían una fiesta en barrio Estación Flores, recontra lejos, no sé si ubicás. ¿Viste esas jodas que alguien te invita porque es amigo del amigo de un amigo del que la organiza? Bueno, allá fueron con la Andre, el Mateo, la Gringa, el Tomi, el Ramiro, qué se yo... eran como nueve en el Spazio de Mica. La cuestión es que caen, eran como mil personas en la casa, un quilombo, la música, qué se yo... Y estos que chuparon como bestias, empezando por la Jime, que me contó Mica que no mezquinó nada: cerveza, sangría, fernet... Y morfó como si fuera el último día de su vida, parece que se mandó tres choripanes tamaño vaca. Te imaginás.

Suni hizo una nueva pausa y miró a Tamara con gesto de institutriz.

—Te imaginás —retomó, muy seria y comenzando a levantar la temperatura de la indignación—. Termina la joda tipo siete de la mañana. Así como estaba, con todo lo que había chupado, morfado y bailado, con la remera, la campera puesta, con el vaquero, las bucaneras…

Al escuchar esta descripción, Tam pegó una carcajada que reprimió rápidamente. Su imaginación apuraba el desenlace pero prefería que fuera Sonia la que terminara la historia.

—Así como estaba, medio dormida, medio con resaca, se ve que ahí se acuerda de golpe de la carrera y empieza a hinchar para que la lleven en el Spazio hasta la plaza esa de donde arranca. Que a todo esto los otros no sabían si creerle o no, pero ella insistía que tenía que correr la carrera, insistía, insistía, “llévenme, llévenme”. Bueno, la cuestión que la llevan, llegan tipo ocho y media, lleno de gente, la carrera largaba a las nueve. Y ella va con la Gringa que la acompaña hasta la mesa de control, y ahí le dan el número ese para ponerse en la remera... La Gringa vuelve al auto y les dice a los otros que era cierto, que estaba anotada y que iba a correr nomás.

—¿Pero no le dijeron nada? ¿Que cómo iba a correr una carrera en ese estado? —se escandalizó Tam.

—¿Qué le iban a decir, si estaban todos peor que ella? Al contrario, se iban cagando de risa…

Por la calle pasaron unos cinco o seis motoqueros haciendo un ruido tremendo. Sonia hizo una pausa hasta que las motos se alejaron.

—Bueno, arranca la carrera de los federados y ahí nomás se ponen en línea de largada los otros, la Jime en medio de todos. Y largan, che. Y no sabés, me contaba Mica, que Jime salió a los pedos, como si fuera una carrera de velocidad. Vos sabés que en una carrera larga no tenés que ir corriendo, si no que tenés que ir trotando, cuidando el aire. Bueno, no, la enferma esta salió como si fuera la final olímpica de los cien metros, como si en la meta la estuviera esperando Brad Pitt en pelotas. Dice Mica que era —Tamara se agarraba la cabeza entre cortos alaridos— una cosa verla a aquella, con esas zancadas, corriendo con las bucaneras, el vaquero, la campera de jean abierta que le flameaba por detrás... Porque para colmo, no es que corría con estilo atlético, no… Corría toda descoordinada, agitando los brazos, a los gritos, como si se le fuera el ómnibus. La gente la miraba, no entendían un carajo. ¿Cuánto habrá corrido, una cuadra, dos cuadras? La cuestión es que en un momento la ven, porque a todo esto los chicos se habían parado en la vereda de la avenida para verla, la ven que se detiene, toda pálida, con los ojos así desorbitados, medio que se tambalea y...

Sonia cortó y, viendo al mozo que pasaba cerca, alzó la mano para pedirle que trajera otra cerveza. Tamara aprovechó para reírse unos segundos.

—Se tambalea —continuó Suni— y... ¿no va y se va de jeta al suelo?

—¡No...! —jadeó Tam, como si tal desenlace hubiese sido inverosímil.

—Tremendo. Encima, los cuatro o cinco que le venían detrás, se la llevan puesta, se tropiezan, se arma una montonera y la Jime ahí que queda aplastada debajo de todos los otros... ¡Un quilombo! Los que venían corriendo de más atrás, que estaban todos mezclados, minas, tipos, empiezan a pegar saltos para esquivarlos, otros que se abrían por el costado, había gritos, había quedado la montaña de tipos arriba de aquella otra... Y mientras tanto la Mica, la Gringa, el Mateo, todos que no podían parar de reírse, pero se reían de los nervios, porque la Jimena había quedado ahí debajo. Total, que en medio de todo el quilombo viene corriendo gente, los organizadores, los tipos de la ambulancia... al final los que estaban encima aplastándola se levantan y vuelven a la carrera, a las reputeadas, y a la Jime se la llevan arrastrando hasta la vereda, desmayada, toda con los pelos revueltos... Medio que logran ponerla de pie, pero no reaccionaba, estaba con la boca abierta, los ojos idos... la tenían uno de cada brazo, las piernas que le colgaban, parecía una marioneta. Por ahí le pegan una cachetada y reacciona... abre los ojos, estaba perdidísima y ahí mismo, me dice la Mica: “No sabés la vomitada que se mandó…”

Tamara se reía tanto, con la cara encerrada entre las palmas, que desde las otras mesas la miraban. Sonia, halagada con la eficacia de su historia, luchaba por mantener su impostada seriedad. Levantó la vista y, a espaldas de Tam, vio al mozo parado allí, también riéndose. Había llegado hacía dos minutos con la cerveza y no había querido interrumpir el final de la historia.

—¡Y no sabés! —le gritó Suni al mozo, ya que Tamara a esa altura no podía escucharla— ¡Los del canal grabaron todo y lo van a pasar ahora en el resumen! ¡Andá a poner Telesport! —y el tipo entró corriendo al bar, mientras Tam temblaba y Sonia bajaba la cerveza de un trago.

Días más tarde, Tamara lo pudo averiguar: aquel mismo domingo, cuando todo se hubo calmado, Jimena había anunciado oficialmente su retiro del atletismo. 




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